El verbo

Sientes como ha ido creciendo, madurando dentro de tí, un impulso. Ha ido ganando fuerza según pasaban los días, las semanas, meses…años incluso; ganando fuerza, acumulando energía, hasta un punto en el que todo se libera súbitamente y sale disparado hacia el exterior. Te empuja. Y entonces sabes que debes aprovechar toda esa fuerza para poner algo en marcha, exactamente aquello que el propio impulso te susurraba. Y ahí estoy. Vamos a limpiar. Vamos a barrer.

 

El verbo, la razón de escribir ahora, la intención que existe detrás de las acciones que aquí se desarrollen. Aquello a lo que dedicaré el tiempo que aquí invierta, con mis escobas:

Barrer<<<<

 

Quitar el polvo, la suciedad, la basura y la mugre que se aferran a los rincones de mi cabeza, todos juntos. Vamos a limpiar. Vamos a aclarar la mente y a ejercitarla un poco, para no caer en la desidia más que nada.

No dejar nada de lo que había, llevárselo todo de golpe. Como las historias que pienso cuando no tengo nada mejor que hacer, como aquel comentario inteligente que en un momento de lucidez se te ocurrió, los pensamientos efímeros de los viajes largos y no tan largos. Todo lo que se me ocurra, no quiero dejar nada. A ver si así tengo paz interior.

Acabar, terminar con algo… o con alguien. Porque hay muchas cosas que no me gustan y quisiera poder barrer, desde políticas y políticos hasta actitudes y sentimientos. ¿Suena totalitario? Tal vez, pero… ¿quién no ha querido alguna vez modelar la realidad a su antojo? Vamos a barrer aquello que no nos gusta y a hacerlo de nuevo. Se puede.

Y también barrer el mundo entero, todo lo que nos rodea, en busca de aquello que buscábamos. Barrer toda una ciudad gris y triste para encontrar aquella pintada en la pared que invita a reírse. Podemos barrer los océanos de periódicos diarios para encontrar esa noticia escondida que invita a la esperanza. Barriendo incluso los ojos de los que te rodean para descubrir esa mirada que nos hace soñar, que nos abraza o que sencillamente nos gusta.

Y pasar rozando por lugares insospechados nuestras mentes, y arrollar con comentarios incisivos y argumentos contundentes las opiniones que creemos equivocadas, pero sin maldad, que si no no crecemos. Y hay que crecer, ya lo decían nuestras abuelas y nuestros padres.

Y si barremos para casa, entonces que cada cual diga lo que mejor le parezca. Yo no descarto barrer para otro lado.

 

Bienvenidos al blog.

Quike

Epitafio: directamente del pensiero de mi tío Kike. Un honor.

No hay nada más en potencia que una escoba, tan inútil sóla y arrinconada y tan enérgica cuando es llevada por manos firmes. Tampoco hay nada tan diverso. Podemos encontrar la tradicional escoba de cepillo, que aman tanto aquello que repelen a un tiempo: las pelusas; y las más modernas, las de microfibras, que éstas sí que repelen eficaz y fríamente, como chulos de discoteca, a las locas y obsesas pelusas que no dejan asirse a sus miembros. Pero sin duda me quedo con la de toda la vida, la agria y monótona escoba que araña de forma queda y repetitiva el suelo del corral y la entrada de casa, la que se ahorra el palo para que doble el lomo el labriego, para que haga fuerza en su lucha tenaz con el agreste desorden de la vida de campo: la escoba amarga. Aquella que reune en dos palabras la promesa del trabajo en potencia y el gusto que nos suele quedar, en no pocas ocasiones, después como recompensa.

Hay que barrer, todo lo malo, todo lo desagradable, y de forma insensata, no queda otra. El optimismo, cuando la situación es desesperada, es la única alternativa razonable.

2 comentarios

  • 1. sofíakela :)  |  21 , noviembre , 2007 en 6:05 pm

    me alegra saber de tí, espero que todo sea como soñaste.
    para mí, lo está siendo.
    seguro que te alegras

  • 2. jana  |  21 , noviembre , 2007 en 7:05 pm

    Hola quike,
    hace mucho que no se nada de ti. Una sorpresa agradable!
    Un beso y quida te

Trackback this post


A %d blogueros les gusta esto: