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Razones por las que amar/odiar el Polimi

Ahora que se acerca la hora de la despedida, me lanzo a la moda de las 10 razones, 100 propuestas, 4500 medidas…etc, etc. Pero los números redondos son muy típicos, así que aquí pondremos puntos. Dicho esto…

Razones por las que amar el Polimi

  • Cuatro ramas distintas de diseño, a saber: de producto, de la comunicación, de interiores, de la moda.
  • Mayor especialización de los docentes en sus respectivas materias. Nivel de incompetencia netamente inferior (eso, o es que he tenido suerte).
  • Laboratorios de modelos (como en Alcoy), de moda, de fotografía, vídeo, de prototipado virtual y alguno más que se me olvida.
  • En Alcoy hacemos ratones de ordenador con poliestireno expandido. Aquí hacen coches (véase derecha).
  • En Alcoy nos hablan de las técnicas de prototipado virtual e ingeniería inversa (crear modelos virtuales a partir de modelos físicos). Aquí existen. Y las utilizamos.
  • Muchas, muchas exposiciones muy curradas de trabajos de la peña (de ahí, la foto del coche). Algunas con catering el día de la inauguración y todo.
  • Asignaturas optativas como “Diseño de la comida” (Food Design) en las que el trabajo para casa cosas tipo: Un postre inspirado en un atardecer otoñal, un plato que recuerde la insoportable levedad del ser humano…
  • Un campus simpático donde se organizan eventos tipo: mercadillo de diseñadores (todos alumnos del Polimi, claro), concierto de jazz a la hora de comer, parrilladas, y más cosas de las que ya ni me acuerdo.
  • El edificio de diseño se tranformó una tarde, después de clase, en una discoteca. ¡Con cerveza gratis! (Todo patrocinado, claro, por una empresa de componentes tecnológicos, que aquí nadie regala nada por nada 😉 )
  • En general, muchísima más vida en torno a la universidad.

Razones porlas que odiar en Polimi

  • El edificio de diseño está muy chulo, sí, pero se dejaron la funcionalidad en el culo muy lejos. Muchas de las aulas son enormes, y la acústica en muchas de ellas es penosa (ruidos del pasillo, ventiladores…) por no hablar de su climatización (a ver quién es el guapo que calienta/enfría semejante espacio).
  • La gente, por lo general, es pija. A veces muy pija. Milán capital de la modaaarrrgg.
  • Asignaturas optativas como “Diseño de la comida” (Food Design). No, no se me va la olla, es que realmente cosas así pueden ser para bien y para mal. Y con tanto pijerío se interpretan fatal.
  • Los de diseño de la moda organizan desfiles en el edificio para mostrar sus creaciones. Mucho Demasiado pijerío. En esos momentos sólo puedo acordarme de los Gigatrón.

4 , julio , 2008 at 1:11 am 3 comentarios

En el polimi: Packaging Design (o cómo tirar el tiempo por la borda)

¡Por fin! Por fin he terminado un trabajo que ma ha traído de cabeza desde sus inicios… ¡El maldito trabajo de Packaging design! Pero no se crean que la broma ha acabado, que dentro de dos semanas toca examen (¡je!).

Ahhhh, qué decir de ésta asignatura… Pues ahora como vengo en caliente, seguramente nada bueno, qué le vamos a hacer. A saber:

En el comienzo de los tiempos, escogí esta asignatura porque albergo la esperanza de que me la puedan convalidar por Envase y Embalaje, allá en las tierras ibéricas.

El curso comenzó bien: La pgofesoga Bucchetti (sí, habla como Fedeguico) comenzó hablando de que, si bien ella es una mandada por la universidad, por ser su área la comunicación gráfica, según ella el packaging (¿había dicho ya que los italianos no tienen personalidad lingüística?) puede y debe desarrollarse por otras áreas más prioritarias que la mera comunicación visiva. En palabras llanas: Que te dejes de pijadas y hagas algo útil, ¡pijo!

Así que tintes verdes cogía el curso, y además la mujer explicó que podíamos hacer un trabajo que puntuase al final (ya les contaré, que esto es muy divertido) pero cuya temática tenía que tener una intención crítica, es decir, explicar una realidad, posicionarse al respecto y hacer pensar un poco al personal, con la intención de generar un pequeño debate después de la exposición de cada uno. Interesante, cuando menos. Además definió un calendario para que no hubiese más de cuatro exposiciones por lección, quitando días lectivos, para hacerlas soportables y fomentar el interés. Lo normal es hacer sólo dos días de presentaciones, con unas 12 o más al día… ¿saben quién ve las cuatro últimas? Sasto, el Tato. Y el profesor.

Así que no pintaba mal la cosa. Comenzaron las clases de teoría, por las que perdí interés a mediado de cuatrimestre (cuando comenzaron a hacerse peligrosamente soporíferas). De todas formas yo seguí yendo todas las semanas (no se crean) y me hice una idea bastante buena del curso, que viene siendo un curso de packaging de toda la vida: materiales, métodos de fabricación, comunicación visiva (bastante), ergonomía… esas cosas.

Entre medias, tirando al final, hicimos mi compi Laura y yo un trabajo comparativo sobre las políticas de reciclaje en cuatro países de la UE. No entraré de en detalles, la temática lo dice todo.

Y dirán, ¿pues porqué no escogísteis otra cosa? Pues porque al principio parecía fácil, y entretenido. Y mucho he aprendido con éste, no se crean, que tiene miga y quieran que no siempre se saca algo bueno… Pero ha sido demasiado peñazo, sobre todo por la agonía de hacerlo siempre a última hora (y eso que esta vez empecé con más tiempo del que suelo, que si no…).

Pero bueno, al fin hoy hemos presentado el trabajo (los últimos, el último día) y toca olvidarnos… Pero es que, después del curre que nos hemos metido (que a pesar de las prisas, ha sido un curre grande), lo que nos ha dicho la profesora no ha matao:

El tgabajo se puntuagá de cego a tges, y se sumagá a la nota final del examen ogal.

Pues es algo normal – podrán pensar. Ahhhh pero es que aquí no puntúan de 0 a 10, sino de 0 a 30… Sí, señores, nos hemos roto el culo para que, en el mejor de los casos, nos suban un maldito jodido puto sólo punto la nota de un examen oral, sobre dos libros (uno obligado, que es básicamente sobre el que se basan las clases, y otro a nuestra elección) en ningún caso pequeños.

Ya me hebrá valido más la pena haber leído los libros en vez de pelearme con procentajes de reciclaje e impuestos especiales para botes de champú. O haberme rascado la barriga con vehemencia. Habría sido algo menos provechoso, pero no mucho menos.

Aclaración: A pesar de mi pgonunciación y sus métodos de evaluación, con los que discrepo ampliamente, la profesora Bucchetti es por lo general simpática y accesible. Es exigente, eso sí. Y muy crítica. Pero creo que esos son ingredientes muy necesarios para ser un buen profesor (esto no está reñido con ser a la vez más o menos cabrón, más o menos cretino, o más o menos buena gente, son dos cosas distintas).

24 , junio , 2008 at 5:33 pm Deja un comentario

En el polimi: Human Factors Design

Seguimos con la serie: Hoy, Human Factors Design.

En relaciíon al título, diré que la mitad de las asignaturas que he tenido este año (literalmente) tienen alguna palabra en inglés. No me explayaré en el tema, pero los italianos tienen la personalidad ligüística en el culo muy lejos: la cantidad de términos de uso común de origen inglés, pero pronunciado a la italiana, es increíble (ríase usted de la “contaminación” del castellano).

De la traducción libre que hago, Diseño según los Factores Humanos, podemos deducir que no se trata de hacer calceta (no es coña, Florian hace calceta en otra asignatura) sino que más bien tiene algo que ver con la ergonomía, con la antropometría. Y efectivamente, durante el curso no se hizo otra cosa que seguir unas clases teóricas sobre ésta temática (no voy a entrar en detalles) que los primeros días, debido a la baja del profesor titular, fueron llevadas por Avril Accolla, profesora adjunta que pasó a ser mi amor platónico: Políglota, inteligente, graciosa… y de muy buen ver. Si me está leyendo, profesora, que sepa que le recordaré siempre, snif snif…

De rostro afable y ojillos vivarachos detrás de sus gafas redondeadas, y con un simpático bigote, el profesor titular, Luigi Bandini Butti bien podría haberse jubilado cuando yo aún era un novatillo de instituto; y sin embargo, cuando se le ve dar clase, se entiende porqué no lo ha hecho todavía: le encanta. Yo agradezco infinitamente que haya esperado todo este tiempo a que llegue…

El profesor Butti, tan accesible, tan encantador, tiene un currículum con el que no pocos se habrían subido a la montaña de su propio ego para nunca bajar, y se ha codeado con los grandes nombres del diseño, la arquitectura y el arte italiano, que justamente si están/estaban cada uno encaramado a su montaña; y cada vez que veía/escuchaba cómo la peña pasaba de sus lecciones, a las que asistían tan sólo porque la asistencia contaba, me daba terrible pena de ver cómo menospreciaban una figura como pocas se encuentran sobre una tarima. Pero lo dejaremos…

Aparte de las clases, de las que hubo un examen final (bastante fácil, por cierto), durante el semestre tuvimos que hacer, por grupos, un par de trabajos de investigación sobre un par de temas a nuestra elección dentro de una enorme lista de posibilidades. Formé grupo con tres chicas italianas, que me acogieron después de que les cayera simpático al hacerles unas encuestas para otro trabajo, del que ya hablaré en otra ocasión.

El primer trabajo que hicimos fue sobre los distintos métodos que los progenitores usan para transportar a sus pequeños retoños pegados al cuerpo, y seguro que a más de un@ (¡no quiero señalar!) le puede resultar interesante…

El segundo fue sobre una herramienta con la que he guardado las distancias desde que tengo memoria: el cepillo de dientes. ¡Quién iba a imaginar que una cosa tan sencilla podía complicarse tanto! ¡Que diese para tantas páginas! Ay, la leche, yo casi ni me lo creía cuando fui a imprimir… La gráfica corrió ésta vez a mi cargo, y es algo de estoy muy orgulloso.

Sea como fuere, disfruté mucho haciendo ambos trabajos gracias a la organización y empuje de estas chicas, que verdaderamente me motivó mucho. Al final las notas estuvieron bien e hicieron una buena media con el examen… Otra buena experiencia in somma 😉 .

12 , junio , 2008 at 8:39 pm 4 comentarios

En el Polimi: Design Strategico

Comienzo con ésta entrada una serie que llevaba tiempo pensando en hacer, que iré completando sin prisa y con pausa (como dijera mi profesor de Geografía e Historia, el genial y a la vez infernal Pepe Franco), y en la que contaré las asignaturas que he cursado por estos lares.

Seguramente a casi ninguno os interese lo más mínimo… Bueno, volved otro día 😉 Así que sin más comenzamos con la primera asignatura digna de mención: Design Strategico o Scenari del Proggetto, lo mismo es.

En el principio de los tiempos, perdido por la vida como iba, después de mi odisea particular en busca de un techo y una conexión a internet, me dedicaba a leer las síntesis de las asignaturas que se me ofrecían e ir a alguna clase para ver el percal y apuntarme definitivamente o pasar a la siguiente.

En éstas me encontraba cuando una mañana fui a la primera lección de Design Strategico: La primera sorpresa me la llevé al entrar en el aula y comprobar que un gran número de mesas se habían colocado formando un círculo enorme, entorno al cual se sentaban todos. Me busqué un sitio en silencio mientras oía hablar a un señor de unos 60 años de gran nariz, rasurado impecable, cabello blanco y buen porte. Hablaba un italiano perfecto, esto es, plagado de gestos, con mucha expresividad y una emoción que se transmitía. Lo malo es que se pasaba de tuerca con cierta frecuencia haciendo discursos grandilocuentes lo cual llegaba a ser pesado en varias ocasiones. En el trato, descubrí que Francesco Mauri (así se llama) es muy simpático, accesible y afable, y sonríe con frecuencia.

La estructura del curso que íbamos a seguir, en aquella primera lección no la sabía ni él, y ésta fue la tónica durante todo el curso: la improvisación. Y a mí me costó enterarme de qué iba la película porque discernir un plan difuso en medio de uno de los grandilocuentes discursos del profesor Mauri, con escaso italiano en mi haber por aquel entonces, era complicadillo. Pero a toro pasado, puedo hacer un análisis esquemático de cómo fue la cosa:

Comenzamos la primera parte del curso con el siguinete esquema de clase:

  1. Llevar a clase un periódico del día (supuestamente ya leído, las clases eran por la tarde).
  2. Comentar a la clase, por turnos, cualquier cosa dentro del periódico que nos hubiese llamado la atención. Así, cada intervención generaba un pequeño debate.
  3. Seleccionar, entre todos, una temática de entre todas las debatidas para desarrollarla.
  4. Ya en casa, tocaba hacer un “acta” de todo lo que había sido la clase anterior, desarrollando la opinión personal sobre el tema elegido. En éste sentido se nos daba toda la libertad que quisiéramos para presentar el acta como mejor nos pareciese, y la entregábamos en la siguiente clase.
  5. Al comienzo de la clase la siguiente semana, el profesor (que se había leído todas las actas de la semana anterior) hacía comentarios al respecto de las mismas, releyendo frases o razonamientos destacados y dando una impresión al respecto de cada una de ellas, ¡de forma individualizada!

Parece una tontería, pero el hecho de que todo tuviese lugar en una mesa redonda, todos al mismo nivel, de que los que estábamos generásemos debate, de sentir que tu opinión y tu trabajo eran tenidos muy en cuenta por el profesor… todo eso era un mecanismo retroalimentador que motivaba realmente a hacer las cosas bien, aunque no supiesemos muy bien adónde íbamos.

La segunda parte tuvo lugar después de navidades, y fue un poco más compleja:

Primero hubo un par de clases en las que,

  1. Se escogían tres temáticas con el mismo proceso de los periódicos, pero más rápido.
  2. Se formaban tres grupos que desarrollaban un producto/servicio en base al tema elegido.
  3. Se presentaba el producto en grupo, metidos en el papel del diseñador, los otros dos grupos hacían críticas metidos en el papel de productor (uno) y de consumidor (el otro).
  4. Y se rotaban los roles.

Después de éstas “prácticas previas”, se formaron varios grupos que hicieron lo mismo, pero de forma más currada. Las clases pasaron a ser reuniones de grupo, donde el profesor y su flamante asistenta (muy simpática también, todo sea dicho) tutelaban el desarrollo de los trabajos.

La evaluación final consistió en la presentación de los trabajos por grupos y una posterior crítica tanto de los trabajos ajenos como del propio, siempre en grupo. El experimento, al final, salió estupendamente y ha sido sin duda una de las asignaturas más provechosas que he tenido. ¿La nota? Todos tuvimos un 30 sobre 30, porque el profesor pasaba de pensar en notas individualizadas en un curso tan colectivo como éste. ¡Genial! 😀

Para los que hayais aguantado hasta aquí, os dejo el vídeo de presentación (30 segundos) de nuestro trabajo: Basándonos en la situación de Nápoles, y tomando como “empresa” a la MTV, nos inventamos un programa de televisión de denuncia social, con un enfoque crítico e irónico. Esta sería la “cabecera”.

¡Ah! También me curré un blog, para dejar ahí los escritos de la gente que quisiese, pero resultaron ser todos unos vergonzosos y el experimento fracasó estrepitosamente…

4 , junio , 2008 at 6:58 pm 1 comentario

Automotivación

Vamos a ver, melonet, que ésto es sencillo:

Quieres acabar la carrera.

Para acabar la carrera, has de estudiar/realizar-algún-tipo-de-esfuerzo-intelectual.

Por lo tanto, QUIERES estudiar. Esto implica realizar un actor de amor por/hacia aquello que realizas.

Por coherencia, si amas aquello que haces, procurarás hacerlo lo mejor posible. Ergo, nada de chapuzas, sino que buscarás aprender lo más que puedas de tu relación estudio-amorosa, y el resultado vendrá solo.

Si es que no es tan difícil…

¿Crisis? ¿Quién dijo crisis?

11 , mayo , 2008 at 11:11 pm 5 comentarios

Salone Satellite

Pues sí, otra vez aquí dando por saco y buena cuenta de la seman del diseño en Milán, y más que vendrán.

Si no tuvieron suficiente con una lámpara cojonuda (y releyendo, he visto que me repito como el ajo ¬¬’ ), aquí traigo bello material que les guiará hacia la luz un poquito más; traigo sofás y sillones de lo más variado, algunas cosas estupendas y otras no tanto. Y mucha contradicción amigos, mucha contradicción.

Comenzamos en el Salone Satellite, adonde tuve la suerte de ir por partida doble. Éste año tenía como tema principal el “diseño verde” o algo así, rollo sostenibilidad y tal. Luego la realidad es que queda todo en pura fachada y palabrería. Vagos intentos de alzar una tímida voz, en todo caso. La realidad es bien distinta, y allí va todo el que paga y expone lo que le da la gana vender, porque es lo que más dinero da. Y como no hay vuelta de hoja, encontrar algo que merezca la pena en todos los sentidos es complicado. Pero de todos lados se puede tomar algo, y eso es a lo que me he dedicado estos días.

Comenzamos con una inteligente mesa que se puede alargar o ensanchar:

¿Ven? No es una cosa del otro mundo, y aporta algo funcional. Algo más o menos como lo que viene a continuación; en la primera visita pensé que no valía para nada, pero en la segunda vi la demostración y cambié de opinión ^_^

Siguiendo por la senda de la modularidad, nos topamos de frente con la siguiente estantería-mesa-cosa.

Curiosa, ¿eh? Es de un grupo de diseñadores serbios, estudiantes de la Universidad de Belgrado. Trabajan siempre con la madera y la grandeza de las cosas que hacen puede apreciarse mejor en su página web, aunque aquí dejo otra perlita:

Esta escuela fue invitada por la organización del Salone, por aquello del tema del diseño verde, al igual que el CEMER de Córdoba que llevó unos prototipos de bicicletas en madera de los que no tengo fotos.

Pero ya metidos de lleno en los vídeos, dejo aquí el auténtico Sillón Canguro. No no, no se lo quieran copiar que está pendiente de patente y se iban a meter en un lío:

Atención a lo que da de sí el jodío sillón, fíjense cómo queda al final, cuando la tía se ha levantado.

Para variar, meto unas cuantas fotos para dejar constancia de lo varipinto del asunto dentro del Salone. Si hacen click sobre una foto, verán lo que opino de ella y pueden dejar comentarios si les hace ilusión.

Para terminar, que ya va siendo hora, vamos con la sección luz y dos bonitos vídeos de demostración: El primero no tiene nada, salvo que me recuerda esa eterna gaviota de madera que tenemos en casa y que si bien no ilumina, tiene más personalidad que la lápara en cuestión. El segundo es un prototipo todavía, pero el vídeo habla por sí solo.


Bola extra: Siguiendo en la línea iluminada, directamente desde Taiwan y a través del correspondiente chou-rum en Zona Tortona, encontramos un diseño altamente contradictorio para mí.

No sé bien el balance de recursos invertidos y respeto con el medio ambiente que tiene la lamparita, pero se adivina algo demasiado excesivo, dado el panorama. Por otro lado, la calidez y magia que transmite el hecho de poder llevarse la luz consigo, y que se vaya apagando de forma gradual igual que se evapora el agua, es algo que me ha llegado. Habrá que ver cómo lo solucionamos.

Ea, a tomar viento, frescos. ¡Próxima entrega (presumiblemente) Zona Tortona!

22 , abril , 2008 at 12:23 am Deja un comentario

Milano Design Week

Comenzamos con la bella crónica por entregas de lo que se ha visto y vivido aquí, en éste pedazo de evento que es la Milano Design Week.

Fiera Milano-Rho

Pero…. ¿porqué en inglés? Porque el inglés es el idioma internacional de los negocios (hasta que los chinos digan lo contrario) y aquí esta semana se han dado cita gente de todas partes del globito con un interés común: El diseño y los beneficios que puede reportar. Qué tipo de beneficios y/o quién se los lleve, es una cuestión muy variada, aunque casi siempre la respuesta sea la misma.

Es un aspecto que no he podido dejar de lado en ningún momento durante las idas y venidas por interminables exposiciones; miro el objeto, me maravillo o no, y luego pienso si merece la pena, si soluciona un problema, o si al menos tiene algo bueno que sacarle. Este es un terreno complicado y traicionero, donde las contradicciones abundan y los sentidos engañan a la razón. Normal, ésa es la gracia del juego: convencerte de que lo que tienes delante merece la pena. Y lo deben de conseguir todos, porque si no, no estarían aquí, ¿verdad?

Pero al lío, que hay mucho que contar. Para hacer más digerible todo lo que se mueve aquí, dividiré el conjunto de la semana en lugares:

El primer y más importante lugar es el Salón de Mueble, que se organiza en la Feria de Milano-Rho (obra de Massimiliano Fuksas, preciosa, a las fotos me remito) a las afueras de la urbe. Es el que dicta el calendario que siguen todos los demás eventos y lugares relativos a la semana, y donde se mueve la mayor parte del panné. Ocupa una superficie… no sé, mu grande; y para verlo al completo necesitarías dos o tres jornadas completitas. La entrada son 15 eurazos siendo estudiante, y yo no he ido porque me lo han desaconsejado, aprovechando para ver otras cositas que ahora explicaré.

La razón de no ir es que, en esencia, las empresas que van al Salón del Mueble son grandes, consolidadas. Como de todos es sabido, la innovación generalmente vive en las empresas pequeñas, que buscan a través de ella una forma de diferenciación dentro de la mole del mercado globalizado. Esto nos deja a las empresas grandes haciendo expositores alucinantes, y objetos siempre en una misma línea, que son la que buscan los clientes que acuden al Salón a cerrar tratos con muchos ceros. ¿Y qué pinto yo ahí?

En un segundo plano queda el Salone Satellite que, como su numbre indica, orbita siempre en torno al Salón de Mueble, en una carpa gigantesca montada para la ocasión en la misma feria. Aquí vienen desde empresas pequeñas, generalmente noveles, a estudiantes avispados con prototipos caseros, pasando por escuelas de diseño invitadas, diseñadores con un producto perfectamente definido en busca de alguien (con medios) que crea en él, y colectivos de todos los anteriores. Y japoneses minimalistas: son legión. La entrada aquí es gratuita y si en algún sitio hay cosas innovadoras o interesantes, se encuentran aquí. El primer ejemplo en el avance informativo quedó. Más en próximas entregas.

Dejando de lado la feria, en la ciudad queda el llamado FuoriSalone (fuera del Salón), refiriéndose a todo el resto de parefernalia montada con motivo de la semana del diseño: exposiciones de empresas dentro de sus propios negocios (showrooms para abreviar); exposiciones y pabellones especiales en lugares significativos de la ciudad, donde se celebran charlas, ponencias y demás; y la Zona Tortona, que tiene un nombre pegadizo y simpático, pero no es más que un barrio olvidado situado en el suroeste de la ciudad, y donde abundan naves industriales que durante esta semana se llenan de exposiciones a cargo de empresas que no tienen un local en la ciudad donde poner su chou-rum. Empeñándose se puede ver toda en un día: Claro, también puedes beberte cuatro litros de agua de una sentada… ¡el resultado puede ser muy parecido!

Ea, suficiente por hoy. No se pierdan las maravillas con las que he tropezado en próximas actuallizaciones, que hay para rato.

20 , abril , 2008 at 11:48 pm 2 comentarios

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